Existen quienes por sus necesidades trabajan, existen quienes por sus conocimientos practican; y existen quienes por su trabajo practican de acuerdo a sus necesidades. La razón por la cuál hago esta categorización, es para comprender lo que lleva a una persona al lugar en el cuál puede llegar a ser docente:
Algunos lo hacen por necesidad económica de una carrera.. es entendible, pero quién lo hace debe entender cuál es su tarea y aproximarse a ese trabajo de forma humana y ética.
Algunos lo hacen porque es su ‘llamado’, es la forma en la cuál pueden poner en práctica sus conocimientos y sus ideas.. lo cuál trae sus propios riesgos, también deben aproximarse al trabajo de forma humana y ética.
Por último, hay quienes entran en la Educación por ambas razones; les encanta poner en práctica sus conocimientos Y tener una retribución justa por su trabajo.. lo cuál también implica la misma advertencia, pero desde su propio arista también: el docente debe tener cuidado como ocurre con el primero y el segundo de jamás confundir su trabajo con la retribución que recibe, o con los fines ideales que persigue.
Y esto ilumina sobre los riesgos tanto éticos, como ideológicos de la profesión docente: el docente puede llegar a ver su tarea como un mero ejercicio económico.. lo cuál es inmoral; o como una tarea que le permite reproducir sus puntos de vista sobre el mundo.. lo cuál es doblemente inmoral.
¿Y el docente que mira la profesión desde los dos puntos de vista?
Triplica el riesgo, y lo potencia al cuadrado, obviamente.
Por eso la práctica docente implica la indagatoria constante por parte del mismo practicante de sus hitos éticos; o de lo contrario terminará siendo incapaz de realizar su tarea de forma ética.
De lo contrario, la sociedad terminará por cuestionarlo, primero de forma indirecta, y luego con el dedo acusador:
‘El docente tal trabaja por la plata’
‘El docente tal trabaja porque tiene tal ideal filosófico, y escuché que canta tal canción ideológica de tanto en tanto’
‘El docente es un atorrante’
Todas son acusaciones válidas en su justa medida, y todas se han dicho de cada uno, con o sin nuestro conocimiento.. y sin embargo hay que continuar realizando la tarea educativa por una importante razón: para demostrar que somos más que lo que se dice nuestro.
La práctica reflexiva y crítica de la tarea educativa es fundamental para probar que nuestras acciones tienen una razón de ser, que nuestra autonomía respecto a las instituciones políticas y morales es real; será imposible acallar todas las críticas, o de ignorarlas; quizá alguna tenga razón, pero resignarse a estar en la casa sin hacer nada es sólo una forma de rendirse.
La docencia implica acción, como personas, como seres humanos cometemos errores, y nos hemos acostumbrado a creer que el docente siempre debe tener la razón; lo cuál es una mentira sin patas, una mentira reptante.
Por eso me animo a decir que hay que aceptar esa realidad, rechazar esa mentira monolítica de que el docente es perfecto e inapelable, y vivir conscientes de las consecuencias de nuestros actos; sin que ello nos inmovilice.
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