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El ejercicio de la disidencia

Discrepar, disentir, estar en desacuerdo. Son ejercicios con los que estuve luchando por 15 años, los primeros 10 los afronté de forma casi personal como una suerte de exilio interno (una especie de república dentro de la república, en la cuál estaba de acuerdo con mi núcleo inmediato, y consideraba al resto como foráneo y hostil), los últimos 5 años de esos 15, dediqué mi tiempo a expandir las ‘fronteras’ de esa ‘república interna’ más allá del núcleo inmediato, y a explorar otras formas de resistencia.
Así fué cómo me aproximé al Partido Nacional, siendo ya bastante mayor (y habiendo votado al Partido múltiples ocasiones antes en 2009-2010 y en 2014-2015). Si bien discrepo en muchos temas, me acerca más la experiencia familiar (mis padres, abuelos y ancestros trabajaron con el partido, y en un caso al menos, lucharon junto con él también) a esta formación política casi bicentenaria.
De esta experiencia recabo las siguientes experiencias:
1. Disentir por sí solo es un ejercicio inútil, uno es tan fuerte como el compañero a su costado.
2. Es fundamental apoyar a quienes están más cerca de uno, en particular quienes apoyan las mismas causas que uno.
3. Es absolutamente prioritario organizar y organizarse dentro de los medios existentes para antagonizar de forma constante y efectiva al adversario. Si el adversario apoya a X, vós apoyás a Y; la resistencia es un ejercicio de desgaste, y como decía el general Juán Domingo Perón (con quién discrepo más de lo que acuerdo) ‘al enemigo ni los buenos días’
Dentro de estos 3 pasos existen infinidad de posibilidades y formas de manifestarse de forma crítica; lo importante es actuar y dejar sentada la resistencia militante, absoluta, y total al adversario.
La construcción de una sociedad mejor se alcanza cuando uno busca dentro del desacuerdo con el adversario algo mejor de lo que propone, se busca lo que sea real y alcanzable, en lugar de promesas vacías, confettí hecho en china, y palabrerío inútil manufacturado en otras latitudes.
Existe un gran almacén ‘ideológico’ de porquerías que nos han traído quienes miran afuera buscando ideas que no sirven para nada y son inaplicables en nuestro contexto, lo cuál debemos buscar criticar y rechazar en la mejor de las formas en deferencia a las soluciones que nos puedan brindar nuestros propios técnicos, nuestros propios pensadores, y nuestros propios compañeros.
En el contexto de la República Oriental del Uruguay, nuestro país, existen infinidad de organizaciones sociales de la sociedad civil en los cuales expresarse a favor o en contra del proyecto o proyectos con los que disentamos; y ahí radica el quid de la cuestión: hay que participar en todas las organizaciones dónde sea posible, y dónde el alcance de nuestra labor sea efectivo.. en las demás debemos fomentar el accionar de nuestros compañeros más cercanos e indicados para la tarea.
Si esperamos a terminar el quinquenio sólo peleándo políticamente las elecciones estamos claudicando todo un período de lucha constante en contra de quienes criticamos. La lucha es en el taller, en la sala de profesores, en el hospital, en la cancha de fútbol, en los vestidores, y en las calles cuando corresponda.
Precisamos disidencia más que nunca ante la pretensión de quienes buscan avasallar a toda la resistencia nacional bajo el manto de la mentira, el apoyo a la basura de otras latitudes, y de sofocar nuestras libertades consagradas por la lucha de generaciones, causas usadas, abusadas y tracionadas por estos.

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