Hay quienes dudan que el Nacionalismo pueda ser Popular, que la propuesta de un Movimiento Nacionalista y Popular sea imposible. En el último quinquenio hemos asistido a una auténtica paradoja para algunos, un gobierno del Partido Nacional en el cuál a pesar de las promesas realizadas se han alcanzado hitos distintos a los buscados originalmente:
• Mejorar la tasa de estudiantes que terminan educación media.
• Sistematizar una reforma educativa de forma efectiva.
• Mantener y mejorar la red brindada por la Seguridad Social.
Estos hitos, jamás hubieran existido sin el gobierno del partido y sus aliados de la Coalición Republicana, representan logros alcanzados con el sudor, lágrima y esfuerzo de un gran conjunto de servidores públicos; y sin embargo (con sus claro-oscuros) nos dejan con una deuda social muy grande.
Es cierto que hubo recortes importantísimos en áreas vistas como fundamentales de la Educación, se aumentó la edad jubilatoria también, y fueron cambios fundamentales para sostener la viabilidad del modelo uruguayo, de lo contrario estaríamos caminando hacia el modelo visto en la Argentina, el de la motosierra sin piedad como piden todavía algunos elementos miopes de nuestra sociedad.
Esta última elección el Partido Nacional buscó abundar en esos aspectos de su propuesta transformadora con el segundo piso de reformas, que quedaron en suspenso debido a la derrota electoral, que sin embargo pueden y deber ser articuladas por nuestra Coalición con matices impuestos por la realidad del nuevo gobierno del frente.
Si aspiramos como militantes a recuperar el gobierno nacional, y la búsqueda de una sociedad mejor, debemos enfocarnos durante estos 5 años a la construcción de nuevos consensos y alianzas con sectores de la economía nacional, de la educación, de los sectores más militantes y de los que se sienten repudiados por el sistema.
Nuestras iniciativas de gobierno populares nunca más pueden ser un ‘apéndice B’ de las transformaciones a las que aspiramos, un plan materialista en el cuál las necesidades populares son puestas en segunda categoría frente a la ‘necesidad’ de algunos sectores de recortar y aplicar recetas liberales sin sentido.
Precisamos de una mayor inserción social, y de mayores ámbitos de decisión a nivel local y departamental en todas las esferas, en las comunidades y sus actores sociales, de participación y construcción de acuerdos. Precisamos más patria, más libertad, incluir mejor a los sectores que comprenden las grandes mayorías, y recorrer los barrios de forma más enfática que nunca.
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