El Partido Nacional ha sido gobierno 2 veces en los últimos 30 años, el frente 3 (ahora 4), el Partido Colorado 2, y ahora creo que tenemos un panorama claro de lo que da cada uno, y lo que es más importante, lo que cada uno evita hacer:
El Partido Nacional dedica sus fuerzas a buscar ‘achicar’ el estado, favorecer a las comunidades rurales, descentralizar en la medida de lo posible, y reformar dónde se perciba que se pueden hacer cambios. Predomina el enfoque de una cúpula de dirigentes que son los que deciden mientras el resto acata o se retira. Se decide cada 5 años en las elecciones internas, nada más decide. Excepto la campaña.
El Frente Amplio dedica sus fuerzas a aplacar a los movimientos sociales cuando puede, y a disciplinarlos cuando cree que debe, tiene un enfoque urbano, favorece la centralización de las decisiones, y los cálculos a favor de equilibrios internos. Promete de forma ostentosa, y cumple en la medida que tiene los medios para lograrlo, de lo contrario simplemente se proclama ignorante de haber prometido en primer lugar y deslinda responsabilidad debido a factores externos.
El Partido Colorado solía dedicar sus fuerzas a buscar múltiples cosas a la vez, a veces a aplacar los movimientos sociales, en otras a aplacar a los grupos de interés poderosos, terminó sin votos por aplacar pantallas en lugar de a la gente en general.
Ahí radica el problema, cómo saber si un conjunto de votantes verdaderamente quiere algo y cómo interpretarlo si nadie se expresa de forma consciente; el Partido Nacional se expresa en la medida que la gente apoya las opciones electorales, el Frente en la medida que las organizaciones sociales y sus militantes se expresen, el Partido Colorado ambas; ‘¿cómo reciben la información que precisan las autoridades?’ es la pregunta clave que separa a las fuerzas políticas entre sí a un nivel fundamental, casi infantil.
La política en Uruguay es un tema deportivo, yo apoyo a un partido porque en mi casa apoyan a ese partido, porque mi vecino apoya a tal partido, porque mi jefe apoya a tal partido, porque mi sindicato apoya a tal partido, porque mi suegro es de tal partido. Y eso carece de todo ápice de sentido, o de ética, es deslindar responsabilidad.
Mi propuesta, la propuesta en general de esta columna, es que me digan, sea que me traten de pardo, o que me critiquen respecto a quién hizo qué, o con quién escucharon a tal; es que la gente se organice a través de la solidaridad crítica (o el nacionalismo popular, como quieran decirle, estoy un poco harto de que me traten de ser un fascista, para mi ambos términos ‘solidaridad crítica’ y ‘nacionalismo popular’ son intercambiables en la forma que los utilizo) para encontrar una mejor manera de comunicar lo que se desea a la política. Y es muy sencillo, escriben un comentario, o me lo escriben por privado, y empiezo a hacer ruido con una columna; a ver si eso funciona para variar.
Mi deber cívico autopercibido es darle una voz a quién esté molesto sea del pelo que sea, si me quieren tirar fruta, festejen: la verdulería dialéctica está abierta.
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