Mucho se dice del orgullo, de las razones por la cuál sentirlo, y por lo que a uno lo motivó a sentir orgullo de un estatus, de una pertenencia, de una cualidad personal o colectiva. Pero nada se dice de la vergüenza, nadie se responsabiliza de sus actos, nadie se adueña de sus propias miserias.
Y la verdad es que a mí me motiva el rencor, la ira, la furia, y la vergüenza en su sentido más hondo sobre mis actos, y los actos de otros. Sólo puedo asumir responsabilidad sobre mis propios actos, y sus consecuencias sobre el resto de la comunidad. Por lo tanto, asumo que siento vergüenza de lo que se hace en mi nombre, y en lugar de sentir inmovilidad siento la necesidad de hacer algo.
¿Hacer qué? Tomar acción política. ¿Cuál acción política? Participar de la campaña electoral desde un punto de vista propositivo, obviamente que mis acciones son motivadas por un rencor muy profundo, pero guiadas por mi razonamiento. Por eso escribo estas columnas un poco como catarsis, y un poco como exploración personal.
¿Cómo este análisis inmediato puede ayudar a la comunidad? Esa conclusión sólo la puede tomar cada uno, desde su propia mente, y con sus propias motivaciones, sólo conozco mis propios impulsos, me es casi imposible imaginar qué motiva al resto de la gente, sería sumamente ingrato y cínico si creyera que puedo asumir qué motiva al resto de la humanidad.
Sólo espero que esto ayude de alguna forma a alguien más. Sólo espero que esta reflexión sea útil de alguna forma.
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