Existe una mala costumbre, la de ver la lectura y la escritura como males necesarios, como si fueran obligaciones en las que debemos emprender sólo cuando es necesario. Esto comprende un mal innecesario, debido a que la práctica de la lectura incrementa la posibilidad de entender cuando los demás se comunican con uno.
Hay temas universales como el miedo a la soledad, a la muerte, la incertidumbre frente al olvido, la desesperación ante la injusticia, el tedio frente a la burocracia, y la furia frente al maltrato o la cobardía. Son buenas costumbres las de responder con una altura perceptible pero son mal entendidas por aquellos que tienen escasa lectura, escasa práctica de redacción, escasa práctica de comprensión.
Por eso vale la pena leer, vale la pena escribir, vale la pena comprender nuevas formas de escritura, nuevas formas de lectura, nuevas ideas que comprender. Son ejercicios fundamentales del intelecto humano porque de lo contrario nuestro pensamiento se mal acostumbra a la inacción, se letarga y se marchita cuál fuera un arbusto mal podado.
Es en este espiritu que me encargo a mi mismo hacer una lectura diaria, una redacción, y la comprensión de un tema nuevo cada día que me queda, la práctica consciente de mi mente como para agudizarla, podar lo innecesario, y ennoblecer mi compromiso con la comunicación comunitaria.
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